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domingo, 3 de septiembre de 2017

"Palabras para colgar de una ventana rota", de Ángel García López




Palabras para colgar de una ventana rota

Este balcón da al mar. Toco la espuma
viajera, inagotable, de la orilla.
Sobre el balcón, volcado en La Costilla,
mis ojos dan al mar.
                                    Lejos, la bruma
dibuja un horizonte que navega 
mi corazón.
                      Conozco cada grano
de esa arena, su nombre, su verano,
su apellido. Y el agua se me entrega
joven y dulce en la mañana. Y canta
su septiembre de sol.
                                       En los cristales
crece la flor de luz de los corales,
ruge lo azul de la escolar garganta
del día.
              Y aquel niño, aquel desvelo
que antaño fui, se asoma. Y ve.
                                                      Y en Rota
esta ventana es mar, y gaviota
que le devuelve lo mejor del cielo.

               De Mester Andalusí, 1978

Ángel García López. /La Voz de Cádiz

Ángel García López (Rota, Cádiz, 1935) es un poeta español perteneciente al grupo poético de los 60, conocido también como "generación del lenguaje" por la relevancia dada a la palabra en la composición del poema. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor de Lengua castellana y Literatura en bachillerato hasta su jubilación, ocupación que ha compaginado con su actividad como Técnico Superior de Servicios Bibliográficos. Durante años dirigió la revista Literatura (en sistema Braille), dependiente de la Sección de Cultura de la ONCE.

Señala Antonio Rivero Machina ("JOSÉ JURADO MORALES, La poesía de Ángel García López", en Castilla. Estudios de Literatura, 3 [2012]:IV-VII) como características de la poesía de este autor, tan versátil en temas y formas, el cuidado formal y la experimentación: 
Una de las constantes en la poesía de Ángel García López es su entrega a la precisión métrica, al pulimiento de la palabra poética exacta, a la forma métrica como valor en sí mismo, ya desde sus primeros libros. Se sitúa así al compás de otros autores que en esa década de los años sesenta tratan de renovar la poesía española más allá del testimonialismo social imperante entonces. La "BELLEZA", en mayúsculas, es el norte y referente de Ángel García López, la estrella polar de su quehacer poético. Pero lo más interesante es su constante interés por experimentar, por renovarse. El poeta de Rota no puede ser simplemente encasillado como un poeta clásico y monótonamente formal, sino como un gran innovador dentro de los márgenes -de los amplios márgenes- de la tradición métrica.
El autor ha confesado las dificultades que encontró para empezar a publicar su obra poética, en razón a sus dos apellidos, tan comunes en España, y el impulso que representaron los primeros premios obtenidos. En 1963 vio la luz su primer libro, Emilia es la canción,  en el que predominan los sonetos, composición que cultivará a lo largo de toda su obra y en la que alcanzará una rara perfección. En él ya se advierten, bajo la influencia de Gerardo Diego y de Lope de Vega, la manifestación directa del sentimiento, la armonía en la expresión y el cuidado en la disposición acentual, como ha señalado Vicente Granados (La obra poética de Ángel García López). A esta obra inaugural seguirán, entre otras, Tierra de nadie (1968, Accésit Premio Adonais 1967), A flor de piel (1970, Premio Adonais 1969), libro en que el empleo del verso libre supone una gran renovación formal; Volver a Uleila (1971, Premio Álamo-José María Gabriel y Galán 1970), Elegía en Astaroth (Premio Nacional de Literatura 1973), Retrato respirable en un desván (1974, Premio Ciudad de Irún 1973), Mester andalusí (1978, Premio Leopoldo Panero 1976 y Premio de la Crítica 1978), Auto de fe (1979, Premio Boscán 1974), Trasmundo (1980, Premio José María Lacalle 1979), Los ojos en las ramas (1981, Premio Ciudad de Martorell 1979), Memoria amarga de mí (1983, Ayuda del Ministerio de Cultura a la Creación Literaria 1980 y Premio Antonio Camuñas 1983),  De latrocinios y virginidades (1984, Premio Tertulia Hispanoamericana del Instituto de Cooperación Iberoamericana 1983), Medio siglo, cien años (1988, Premio Hispanoamericano Juan Ramón Jiménez 1988), Perversificaciones (1990, Premio Rafael Morales 1989), Territorios del Puma (Premio Ciudad de Melilla 1991), Apócrifo castellano para Durmiente Bella (Premio Villa de Madrid- Francisco de Quevedo 1995), Glosolandia (1998, Premio Ciudad de Salamanca 1997), Mitologías (2000, Premio Internacional de Poesía Generación del 27, 1999), Universo sonámbulo (2006, Premio Villa de Rota 2005), Posdata (XXVI Premio Unicaja de Poesía y XIX Premio Andalucía de la Crítica), Desde la orilla (2013, XXV Premio Cáceres, Patrimonio de la Humanidad) y Cuando todo es ya póstumo (2016).

Resulta paradójico que un poeta tan premiado no goce de un reconocimiento general, como observa Antonio Rivero Machina, para quien  la figura de Ángel García López oscila "entre el más indiscutible de los reconocimientos y un paradójico estado de olvido".



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