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martes, 2 de febrero de 2016

Leer juntos Hoy: 'El olvido que seremos', de Héctor Abad Faciolince



Grupo de lectura I "Leer juntos Hoy" del IES Goya
Sesión del 18 de enero de 2016
Obra comentada: El olvido que seremos, Seix Barral, 2007
 
Autor: Héctor Abad Faciolince
Héctor Abad Faciolince (Medellín, Colombia, 1958) ha publicado un libro de cuentos, Malos pensamientos, un libro de viajes, Oriente empieza en El Cairo, y varias novelas, entre las cuales hemos elegido para nuestro club de lectura El olvido que seremos, galardonada con el premio Casa de América Latina de Portugal como mejor obra latinoamericana y con el premio Woka.Duke en Derechos Humanos.
La obra revela el especial gusto que Abad Faciolince tiene por la literatura española y universal: se confiesa seguidor de Proust; el título se lo sugiere un soneto de Borges*; las Coplas de Jorge Manrique encabezan uno de sus capítulos (‘Cómo se viene la muerte’), y se intuye una influencia de Crónica de una muerte anunciada de García Márquez.
Esta novela es en realidad una crónica, el relato de la personalidad, la ideología, la vida política, social y familiar, así como todas las circunstancias que terminaron con el asesinato del padre del autor, Héctor Abad Gómez. De él leemos en la contraportada del libro “cayó por defender la igualdad social y los derechos humanos”.
Por un lado, tenemos el relato de una familia llena de contrastes. El padre, médico, ateo, despreocupado de todo lo que tenga que ver con su economía personal, progresista en sus ideas, pero absolutamente tradicional y machista en la práctica familiar. La madre, profundamente católica –“mi mamá era hija del arzobispo de Medellín” (en realidad, el arzobispo era su tío)– tiene, como era de esperar, una educación muy tradicional, pero que no le impide responsabilizarse de la economía familiar, lo que la hace ser muy avanzada para su época en Medellín.
Por otro lado, está la relación padre-hijo en un mundo de mujeres. “En la casa vivían diez mujeres, un niño y un señor”. Creo que no es casual el orden en que se citan estas personas. La primera, Tatá, niñera de la abuela, por lo tanto tan importante en la familia como la abuela misma. A continuación, las dos muchachas de servicio, imprescindibles para el funcionamiento de la casa. Después, las hermanas y la madre. En último lugar, la monja-niñera, que condena al fuego eterno al padre por no ir a misa. 
Héctor padre se encarga de contrarrestar los aspectos que no le gustan de la educación que Héctor hijo está recibiendo, o las actuaciones del abuelo, como cuando lo obliga a comer mazamorra: “En mi casa nunca me obligaron a comer nada y hoy en día como de todo. Menos mazamorra”.
Padre e hijo tienen una relación de complicidad. Poco o nada se dice de cómo son o han de ser educadas las hijas.
En la finca La Inés. Héctor Abad Gómez con su esposa Cecilia 
y sus hijos Maryluz, Clara, Eva, Marta, Sol y Héctor.
En otro nivel nos describe el escenario en que se desenvuelven el padre y su familia. Este profesor universitario lucha contra la pobreza, la falta de higiene y las enfermedades que esta situación conlleva en bastantes zonas del país. Se enfrenta ante los poderes establecidos, que lo acusan de marxista y, en consecuencia, enemigo a perseguir. Este escenario no le impide a él vivir en un entorno de elite social e intelectual acomodada, burguesa. En la casa hay servicio, cocinera, niñera. Las hijas y el hijo van a los mejores colegios posibles de Medellín, aunque eso suponga una contradicción adicional. Ese mejor colegio es del Opus Dei.
En el escenario de extremada violencia social y política que describe hay que destacar el nivel de influencia que ejerce la Iglesia católica. Nos cuenta con detalle la ‘Gran Misión’, acaudillada por un jesuita español, el padre Huelin, y apadrinada desde la península por el Generalísimo, que pretendía “reevangelizar” el mundo promoviendo la devoción a la Virgen de Fátima y el rezo en común del rosario. Otra vez aquí las mujeres son tratadas de diferente forma. Ellas se levantan a las cuatro de la mañana para participar en el rosario comunitario mientras ellos duermen plácidamente en sus camas.
El profesor de la Universidad de Antioquia 
durante una de las brigadas médicas con enfermos.
En El olvido que seremos se aprecian tres partes diferenciadas. La primera y más extensa se dedica a explicar hechos que podríamos llamar objetivos: la relación del autor con su padre, la clase de trabajo a que se entrega éste en cuerpo y alma, así como sus viajes a Oriente para evitar problemas mayores en la Universidad, todo lo que contribuye a que esa etapa de su vida el autor la califique como “años felices”. Esta etapa se quiebra bruscamente con la muerte de Marta: “El presente y el pasado se partieron ahí, con la devastadora muerte de Marta, y el futuro ya no volvería a ser el mismo para ninguno de nosotros”.
En la segunda parte vemos cómo el profesor universitario, profundamente comprometido con sus ideales pero hasta cierto punto con los pies en la tierra, da una vuelta de tuerca y, en su lucha, pasa de iluso a osado. Cualquier riesgo le parece nimio comparado con la muerte de su hija.
La tercera parte, a partir del capítulo titulado ‘Abrir cajones’, está dedicada a lo que podríamos llamar reacciones y consecuencias tras la muerte de Héctor Abad Gómez: los sentimientos y recuerdos del hijo mientras revisa papeles, el exilio de los amigos y del propio hijo.
  ¿Qué es El olvido que seremos? Escrita con la serenidad que le conceden los veinte años trascurridos desde la trágica muerte de Héctor Abad Gómez, es la elegía dedicada a un padre que es genio, santo y héroe a partes iguales y, al mismo tiempo, que tiene todos los defectos que lo hacen humano.

El autor de la novela
 

 Cristina Baselga Mantecón


1 comentario:

  1. ¡Bravo, Cristina! Esto es una verdadera invitación a la lectura. Un abrazo, Carmen Romeo Pemán.

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