EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL I.E.S. "GOYA" DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


domingo, 30 de junio de 2013

¿Qué leer este verano?

    Por fin, ha llegado el verano y ante nosotros se abre un periodo  propicio para la lectura. Algunos habréis  guardado ya en vuestra maleta los libros que os acompañarán en la playa, en la piscina,  en el pueblo de los abuelos o en ese país donde vais a perfeccionar algún idioma, otros habréis elegido el e-book, pero todos andaréis buscando ese momento que os permita sumergiros en la historia que estáis deseando empezar a leer. No obstante, por si alguien no sabe todavía qué libros leer este verano, El hacedor de sueños le ofrece una selección  que esperamos le resulte interesante.

    Por otra parte, queremos   recordaros que El hacedor de sueños no cierra por vacaciones, y nos gustaría que nos siguierais  desde vuestro lugar de descanso. 

    FELIZ VERANO Y FELICES LECTURAS.



"Himno a Venus", de Jaime Siles



Himno a Venus

Amor bajo las jarcias de un velero,
amor en los jardines luminosos,
amor en los andenes peligrosos
y amor en los crepúsculos de enero.

Amor a treinta grados bajo cero,
amor en terciopelos procelosos,
amor en los expresos presurosos
y amor en los océanos de acero.

Amor en las cenizas de la noche,
amor en un combate de carmines,
amor en los asientos de algún coche,

amor en las butacas de los cines.
Amor, en las hebillas de tu broche,
gimen gemas de jades y jazmines.



                  (Jaime Siles, de "Semáforos, semáforos", 1990)


Jaime SILES (Valencia, 1951) es poeta, traductor, ensayista y crítico español. Doctor en Filología por la universidad de Salamanca, ha sido profesor en distintas universidades europeas y director del Instituto Español de Cultura en Viena. Actualmente es catedrático de Filología Clásica en la Universidad de Valencia y presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Representante del clasicismo contemporáneo, Siles es uno de los poetas más notables del  actual panorama español por la riqueza de su poesía en la que, en palabras de Cecilia Castro, "se aúnan el rigor verbal con la versatilidad de la forma en una perenne indagación del ser, su identidad y su destino". Su poesía, que parte de un lenguaje culterano próximo a los Novísimos y evoluciona después hacia la poesía pura  en un proceso de despojamiento,  experimenta un paulatino proceso de humanización en una poesía de la experiencia y de la memoria. Su formación clasicista hace que muchos de sus temas y motivos poéticos procedan de la cultura grecolatina. Ha publicado los siguientes poemarios: Génesis de la luz (1969), Biografía sola (1971), Canon (Premio Ocnos 1973), Alegoría (1977), Música de Agua (Premio de la Crítica 1983), Poemas al revés (1987), Columnae (1987), Semáforos, semáforos (Premio Loewe 1989), obra en la que evoca experiencias pasadas con profunda melancolía y, además, integra elementos cotidianos; Himnos tardíos (Premio Internacional Generación del 27, 1998), Pasos en la nieve (2004), Colección de tapices (2008), Actos de habla (2009) y Desnudos y acuarelas (2009). 

Entrada relacionada:

viernes, 28 de junio de 2013

Javier Tomeo: "Bestiario"

Ilustración del autor

EL CUERVO Y LA PALOMA

       -Entre los antiguos griegos -me susurra la paloma, ahuecando las plumas- fui símbolo de Venus y, por lo tanto, del amor y de la voluptuosidad. Cuando pasé de la mitología pagana a la cristiana, sin embargo, pasé a simbolizar el alma pura que asciende al cielo de los justos y tuve las patas cojas para significar que la Iglesia avanzaba a través del mundo con los pies en la sangre de sus mártires.
     -Pues yo -dice el cuervo desde el viejo olivo- soy ave de mal agüero para los mismos hombres que a ti te glorifican, pero en la India fui sagrada.
      -Carezco de hiel -prosigue la paloma- y por eso no puedo sentir cólera.
    -Los adivinos griegos -añade el cuervo- podían distinguir en mis gritos hasta sesenta y cuatro sonidos, y en cada uno de ellos encontraban un significado especial.
   -Mi carne, en época de celo, infiere gran amor al que come de ella -dice la paloma.
     -La mía provoca alucinaciones -replica el cuervo.
    -Muy bien -dice la paloma, decidida por fin a dejar muy claras las diferencias-, yo fui enviada por Noé para reconocer el descenso de las aguas y regresé con un ramito de olivo en el pico.
    -Yo -grazna el cuervo, sin perder la calma- fui también enviado por Noé para lo mismo, pero no regresé al Arca. Si no lo hice, sin embargo, no fue por falta de buena voluntad. Ya es hora de que se sepa. Yo no tengo esos prodigiosos cristales de magnetita que los hombres han descubierto en la parte anterior de las cabezas de las palomas, y que les permiten orientarse. No sé, tampoco, utilizar el sol como brújula, no detecto los sonidos de baja frecuencia y no puedo percibir la luz ultravioleta y polarizada.
    -¿Y eso qué significa? -le pregunto.
   -Significa -responde el cuervo- que ya es hora  de que los hombres revoquen aquella vieja sentencia que me condenó por egoísta.
    -Después del Diluvio, yo fui sólo un pobre pájaro perdido en la desolación.
                                   ( Javier Tomeo: Bestiario, Las Tres Sorores, Prames, 2000, pp. 98-99)

El escritor Javier Tomeo nació en Quicena, Huesca, en  1932, pero su familia se trasladó a Barcelona, donde Tomeo estudió Derecho y Criminología. Ha publicado unos cincuenta libros de diversos géneros, fundamentalmente novelas y cuentos, además de numerosas colaboraciones en  prensa. Tomeo se aleja del realismo para construir una obra narrativa, de difícil clasificación, sobre la soledad y la incomunicación, en un estilo sobrio, minimalista. En ella se reconoce  la influencia de Kafka, al que llega a través  de  Freud: "Mi mundo y mis personajes han sido el Ello freudiano, lo inconsciente, las pulsiones", ha afirmado.  Comenzó publicando crónicas deportivas  en "La Nueva España" y, posteriormente, relatos breves en "El Noticiero Universal", además de novelas policíacas y del oeste  bajo el  seudónimo de Frantz Keller. En 1967 apareció  su novela El cazador,  sobre un hombre que se encierra en una habitación y se niega a salir. En El unicornio (1971, premio de novela corta Ciudad de Barbastro) los espectadores de una función teatral son liquidados uno a uno. El castillo de la carta cifrada (1979), novela fantástica interpretada como una fábula sobre la imposibilidad de escribir o, en clave política, como metáfora del aislamiento del franquismo, es una de sus mejores novelas. Sus libros se van poblando de seres extraños y monstruosos, que le permiten "señalar defectos y moralizar" porque, opina el autor, "el lector, más que nunca, necesita ser moralizado".  Con Amado monstruo (1985), entrevista de trabajo que va desvelando la extraña personalidad y morfología del candidato, le llega el reconocimiento. Le siguen Historias mínimas (1989), su obra preferida,  complementada con Bestiario (1989), ambas llevadas al teatro en 1999; El gallitigre (1990) y El crimen del cine Oriente (1995), entre otras. Varias de sus novelas han sido adaptadas al teatro y representadas en otros países, sobre todo en  Francia y Alemania, donde goza de enorme reconocimiento. Javier Tomeo falleció en Barcelona el 22 de junio de 2013. Deja una novela inédita, El amante bicolor, y una colección de microrrelatos. En 2005 fue Medalla de Oro de la ciudad de Zaragoza, que presentó su candidatura al premio Nobel en 1999, y premio Aragón a las letras 1994.


domingo, 23 de junio de 2013

"La noche de San Juan", de Jorge Luis Borges



La noche de San Juan

El poniente impecable en esplendores
quebró a filo de espada las distancias.
Suave como un sauzal está la noche.
Rojos chisporrotean
los remolinos de las bruscas hogueras;
leña sacrificada
que se desangra en altas llamaradas,
bandera viva y ciega travesura.
La sombra es apacible como una lejanía;
hoy las calles recuerdan 
que fueron campo un día.
Toda la santa noche la soledad rezando
su rosario de estrellas desparramadas.

(Jorge Luis Borges, de Fervor de Buenos Aires, 1923)

Otros poemas del autor en este blog:

viernes, 21 de junio de 2013

Irène Némirovsky: de los personajes secundarios


Te lo digo siempre: no les prestas demasiada atención a los secundarios. Una novela tiene que parecerse a una calle llena de desconocidos por la que pasan no más de dos o tres personajes a los que se conoce a fondo. Mira a Proust y algunos otros que han sabido sacarles partido a los secundarios. Los utilizan para humillar, para empequeñecer a sus protagonistas. Nada más saludable en una novela que esa lección de humildad dada a los héroes. Recuerda Guerra y paz: las campesinas que cruzan la carretera riendo ante la carroza del príncipe André lo verán hablar primero para ellas, para sus oídos, y de pronto la visión del lector se eleva: ya no hay un solo rostro, una sola alma. Descubre la multiplicidad de moldes.
                                                                                             Irène Némirovsky: Suite francesa 

domingo, 16 de junio de 2013

"El otoño de las rosas", de Francisco Brines





EL  OTOÑO DE LAS ROSAS

Vives ya en la estación del tiempo rezagado:
     lo has llamado el otoño de las rosas.
     Aspíralas y enciéndete. Y escucha
cuando el cielo se apague, el silencio del mundo.

                   (Francisco Brines, El otoño de las rosas, 1987)

[Selección de la profesora María José Forcén]


 
Francisco BRINES (Oliva, Valencia, 1932) es un poeta español perteneciente a la generación de los 50. Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras, ejerció de lector de Literatura española en la universidad de Cambridge y de profesor de español en la de Oxford. En el año 2000 fue elegido miembro de la Real Academia de la Lengua para ocupar el sillón 'x', en sustitución del dramaturgo Antonio Buero Vallejo. Muy influido por Juan Ramón Jiménez y por Luis Cernuda (a quien dedicó su discurso de ingreso en la Academia), es autor de una obra poética alejada de la poesía social de los miembros de su generación, una poesía elegíaca que se mueve entre la celebración de la belleza y la melancolía por el paso del tiempo y la caducidad de la vida. Ha publicado, entre otros, los poemarios Las brasas (1960, Premio Adonais), Palabras en la oscuridad (1966, Premio Nacional de la Crítica), El otoño de las rosas (1987, Premio Nacional de Literatura), considerado una de las cimas de la poesía española de la segunda mitad del siglo XX, y La última costa (1995, Premio Fastenrath 1998). En Ensayo de una despedida (1997) recoge su producción poética desde 1960 a 1997. En 1999 recibe el Premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de su obra, y en 2010 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
    En el  poema elegido, que da nombre a su obra más celebrada, actualiza la imagen barroca de la rosa como encarnación de  lo efímero de la existencia. El otoño, la estación de la madurez, es el marco de esas rosas que, en la poesía de Brines, representan la fugacidad de la vida, pero también su perfume. "Las rosas del otoño", ha escrito José David Pujante,"son los dones actuales de la vida. Debe aspirarlas, quiere vivirlas y debe y quiere encenderse, arder, jubiloso".

Entrada relacionada:





viernes, 14 de junio de 2013

"Choque de Reyes", de George R.R. Martin

FICHA BIBLIOGRÁFICA:
Título: Choque de Reyes
Autor: George R.R. Martin
Serie: Canción de hielo y fuego / 2
Editorial: Gigamesh
Publicado en Barcelona, 2011
Traducida al español por Cristina Macía Orío
Páginas: 928
Premios: Locus 1999 (mejor novela de fantasía) e Ignotus (mejor novela extranjera)
Género: novela de fantasía

PRESENTACIÓN:
Es la segunda entrega de la famosa saga fantástica Canción de hielo y fuego. Es un libro para jóvenes y adultos.

DATOS SOBRE EL AUTOR:
George R. R. Martin nació en 1948 en Nueva Jersey, EE. UU. Se licenció en periodismo  en 1970, y en 1977 publicó su primera novela. Tras su gran éxito como escritor de fantasía y de ciencia ficción, comenzó a trabajar como guionista en televisión. Ahora es uno de los escritores más aclamados de Estados Unidos gracias a la saga Canción de hielo y fuego.

ARGUMENTO:
En esta segunda entrega, y no por ello peor que la primera, siguen las aventuras en el continente ficticio de Poniente. Continúa donde lo dejó Juego de tronos: cada vez las enemistades son mayores entre los grandes señores (Stark, Baratheon, Lannister y Greyjoy) debido al descubrimiento del incesto de la reina Cersei y de la identidad del  verdadero padre del rey Joffrey y  de los príncipes Tommen y Myrcella. La guerra está en pleno auge y es  conocida ya como la guerra de los cinco reyes, por los cinco candidatos al trono (Robb Stark, Stannis Baratheon, Renly Baratheon, Joffrey Baratheon, Theon Greyjoy).
La Guardia de la Noche se dirige al otro lado del muro, para averiguar cuáles son los peligros a los que se tendrán que enfrentar próximamente, a partir de la desaparición de varios exploradores. Mientras, Daenerys Targaryen, junto a sus dragones (Drogon, Viserion y Rhaegal), continúa con su propósito de volver a los Siete Reinos y reconquistarlos, tras morir su esposo.

PERSONAJES:
Arya Stark: niña de aproximadamente diez años, hermana menor de Robb y Sansa Stark; hermana mayor de Bran y Rickon Stark, e hija de Eddard y Catelyn Stark. Es larguirucha y flaca con los rasgos propios de los Stark de Invernalia. Se lleva muy bien con su hermano bastardo Jon Nieve y odia a su hermana Sansa, debido a que por su culpa tuvo que abandonar a su lobo huargo, Nymeria. A diferencia de su herman, odia ser una doncella  y le encanta la lucha con espadas. En esta entrega se ve obligada a huir de Desembarco del Rey, es buscada por la reina Cersei.
Sansa Stark: doncella de aproximademente doce años, hermana menor de Robb Stark y hermana mayor de Arya, Bran, y Rickon Stark, e hija de Eddard y Catelyn Stark. Es alta y altiva; con los rasgos propios de los Tully de Aguasdulces (famila de su madre). Está enamorada del príncipe Joffrey, hasta tal punto que hace que maten a su loba huargo, Dama, tan solo por hacer que él no quede como el mentiroso que es. Está prometida con el rey Joffrey, pero la reina anula el compromiso.
Tyrion Lannister: conocido por el sobrenombre del Gnomo, debido a su corta estatura y su deformidad. Hermano menor de Cercei y Jaime Lannister, e hijo de Tywin Lannister. Su padre lo odia debido a su apariencia ya que tendrá que heredar los títulos y las propiedades de los Lannister (su hermano Jaime no puede debido a que pertenece a la Guardia Real) y a que, durante el parto, mató a su mujer  (que también era la prima hermana de Tywin). Tiene el pelo rubio propio de los Lannister de Roca Casterly y un ojo verde, también propio de los Lannister (el otro lo tiene negro). En parte de esta entrega es la mano del rey Joffrey, su sobrino, al que tendrá que mantener a raya para que sus estupideces no vayan a más, ya que es un tirano nato.
Bran Stark: niño de aproximadamente ocho años, hermano menor de Robb, Sansa y Arya Stark, hermano mayor de Rickon Stark e hijo de Eddard Stark y Catelyn Stark. Está tullido debido a una caída provocada por Jaime Lannister, al descubrir las relaciones entre él y su hermana melliza, la reina Cercei; tiene los rasgos propios de los Tully de Aguasdulces. En esta entrega, es el regente mientras su hermano Robb está en la guerra. Su lobo huargo se llama Verano.
Jon Nieve: joven de aproximadamente quince años, hijo bastardo de Eddard Stark de Invernalia, con madre desconocida, pero en esta entrega se inician las sospechas de que sea hijo de Rhaegar Targaryen (hijo del anterior rey Aerys) y Lyanna Stark (hermana de Eddard Stark), secuestrada por Raegar en la guerra que terminó con casi toda la dinastía de los Targaryen. Tiene los rasgos propios de los Stark de Invernalia. Forma parte de la Guardia de la Noche, como mayordomo del Lord Comandante. Su lobo huargo se llama Fantasma.
Catelyn Stark: madre de Robb, Sansa, Arya, Bran y Rickon Stark, viuda de Eddard Stark, hermana mayor de Lysa Arryn y Edmure Tully e hija de Hoster Tully. Tiene los rasgos propios de los Tully de Aguasdulces. Enemistada con el bastardo de su marido, debido a que se parece más a su marido que los hijos que le ha dado ella. En esta entrega es consejera de su hijo Robb.
Davos Seaworth: caballero de la cebolla, al servicio del rey Stannis Baratheon. Antiguamente era contrabandista (como castigo perdió varios dedos), pero fue nombrado caballero al salvar en el asedio de Bastión de Tormentas al rey Stannis. Es su consejero, pero no está de acuerdo con la mayoría de las decisiones que toma el rey.
Theon Greyjoy: hijo de Balon Greyjoy, hermano menor de Asha Greyjoy y heredero de las Islas del Hierro, pupilo de Eddard Stark. En esta entrega vuelve por fin a las Islas del Hierro y marcha inmediatamente a conquistar Invernalia.
Daenerys Targaryen: joven de catorce años hija del anterior rey Aerys II y de su esposa Rhaella Targaryen, hermana de  Rhaegar y Viserys Targaryen y viuda del Khal Drogo. Tiene los rasgos propios de los Targaryen de Rocadragón, pelo platino y ojos violetas. En esta entrega, junto a los pocos súbditos que le han quedado a la muerte de su esposo, camina hacia el Este, en busca de barcos con los que cruzar el mar Angosto y llegar a los Siete Reinos.

OPINIÓN PERSONAL:
Este libro está recomendado para personas a partir de trece años. A mí  me recuerda bastante a Los pilares de la tierra. Me ha gustado mucho, es emocionante y  ha superado al anterior, sin lugar a dudas. Está lleno de intriga, y engancha al lector hasta el final, donde lo deja con ganas de más.

                                                                         Elvira Muzás Crespo, 2º ESO A

Es una lectura muy adictiva y realista (dentro de su género). Lo que me parece más original de esta saga es que, al tener tantos personajes principales, cada capítulo se centra en uno de ellos. Las historias se van entremezclando, lo cual le da mucha agilidad a la narración. Principalmente hay mucha acción combinada con intriga y humor. La recomiendo a todos los lectores de sagas fantásticas, La Horda del Diablo y Memorias de Idhún.
                                                         
                                                                      Gerardo Quintana Izuel, 2º  ESO A

domingo, 9 de junio de 2013

"De un libro muy amado", de José María Álvarez


 Ilustración de La isla del tesoro, de R. L. Stevenson


DE UN LIBRO MUY AMADO

¿A dónde fue John Silver?
¿Habrá muerto? Quizá, por los años
pasados. O debe de ser muy viejo.
No, no era John, hombre
para esperar la muerte lentamente.
En todos estos años
¿qué habrá hecho, qué aventuras
habrán llevado su ardiente corazón
por mares y espejismos?
Ya nunca más veré a John Silver.
Pero cómo están grabados como fuego
en mi alma su imagen, sus palabras,
cenizas del sueño de la libertad,
el chasquido del ansia de vivir.
Aunque no me oigas, viejo y querido John,
cuántas veces te llamo, cuántas veces 
daría media vida por que estuvieras cerca
y escuchar tu carcajada de desprecio,
                                                                             esa risa
que como los gritos del loro
"¡Doblones!", "¡Doblones!", "¡Doblones!"
resuenan en mi alma,
recuerdo de cuando vivir era
un encantamiento de extraña, alegre e inmutable grandeza.

                  (José María Álvarez, de El botín del mundo, 1994)

José María Álvarez (Cartagena, Murcia, 1942) es poeta, novelista y traductor español. Su poesía culturalista supone un acto de reflexión sobre la cultura en que se inscribe y sobre los poemas mismos. Utiliza el recurso de larguísimas citas literarias (que, con frecuencia, no vienen de la poesía, sino de la novela o el ensayo) como mecanismo generador del poema, además de la alusión en el interior del mismo a otros versos y otros poemas (sin indicar la procedencia), de forma que la poesía se convierte en metapoesía. Utiliza un lenguaje descriptivo y de aparente simplicidad. Su libro más importante es Museo de cera, concebido como una obra total configurada a lo largo de los años, en sucesivas ediciones, la primera de 1974 y la última de 2002.     Ha publicado, además, La Edad de Oro (1983), Nocturnos (1983), Tósigo ardento (1985), El escudo de Aquiles (1987), Signifying nothing (1990, 2005, premio Barcarola 1989), El botín del mundo (1994), La serpiente de bronce (1996),  Las lágrimas de Ahab (1999, Premio Loewe), Para una dama con pasado (2004), Sobre la delicadeza de gusto y pasión (2006), Bebiendo al claro de luna sobre ruinas (2008) y Los obscuros leopardos de la luna (2010). Fue incluido en la antología Nueve novísimos poetas españoles (1970), de José María Castellet, considerada el punto de partida de la nueva poesía española. 
    De sus obras en prosa, destacan: Desolada grandeza (1976), La caza del zorro (1990), El Manuscrito de Palermo (finalista del Premio Planeta 1993) y La esclava instruida (1992, premio de novela erótica "La sonrisa vertical"). Ha traducido la obra completa de Kavafis, La isla del tesoro y los poemas de R. L. Stevenson, también a Eliot, Shakespeare, Villon, Poe, Hölderlin y Maiakovski, entre otros. En 1985 en Venecia presidió el homenaje  internacional a Enza Pound. En 1990 recibió el  Doctorado Honoris Causa por Dowlin (Nueva York) por el conjunto de su obra; en 2001 fue investido académico (World  Poetry Academy en Verona, Italia), y en 2004 elegido miembro de la Academia Mallarmé de Poesía (París). Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas.

miércoles, 5 de junio de 2013

José-Carlos Mainer: De islas y de libros

Mapa de la isla del tesoro, dibujado por R. L. Stevenson

DE ISLAS Y DE LIBROS
[FRAGMENTO]

    Y añadamos ahora que las islas tienen una amplia tradición de ensueños y de letras. Reúnen todos los elementos que convidan al disfrute: siempre están lejos y recónditas, las rodea y las protege el misterio del agua, se asocian a la aventura, se nos aparecen como una salvación o un refugio, las habita lo insólito. Han recogido no poco de la idea tradicional del paraíso y, desde la Odisea de Homero, le deben casi todo a las imaginaciones aventureras. Bajo la denominación de "ínsulas", su mención era muy frecuente en los libros de caballerías, donde, por supuesto, "ínsula" no siempre significaba lo que nos enseña la geografía: eran, sin más, territorios exóticos amparados por la sugestión fonética de ese esdrújulo que hoy nos resulta tan familiar, gracias al Quijote. En su primer capítulo, el hidalgo manchego imaginó el gigante Caraculiambro presentándose como "señor de la ínsula Malingrania". Y en el VII, ya prometía a Sancho Panza "en quítame allá esas pajas, alguna ínsula". Y en el LII, que cuenta la aventura de los disciplinantes, Sancho ya conocía muy bien su acepción geográfica, cuando le recordaba a su señor que "por ocho años de servicio me teníais dada la mejor ínsula que el mar ciñe y rodea".
    En aquellos años de descubrimientos geográficos (y de fantasía a su propósito), se hablaba mucho de islas... William Shakespeare ambientó la última obra que escribió, La tempestad, en una ínsula sin nombre a la que sus personajes llegan como víctimas de un terrible naufragio. Y no es casual que luego pasara a ser la primera en la edición de su dramaturgia completa. La obra es una compleja alegoría donde se confrontan la cultura y el desorden, la fuerza violenta y el poder racional, la pasión y el amor: los grandes dilemas que debatió el humanismo europeo. Y en cuya resolución, Shakespeare nos recuerda que importa más, al cabo, la razonada ponderación que la cultura acumulativa. Próspero, el mago y náufrago, perdió su ducado de Milán a manos de su hermano porque descuidó los asuntos del mundo, se consagró al saber desinteresado y llegó a pensar -como nos dice- que su biblioteca era su verdadero ducado ("Me, poor man, my library / Was dukedom large enough", acto I, escena 2). La experiencia de la isla le ha hecho ver las cosas de otro modo. Sus artes, ahora aplicadas con más tino, restituirán el poder a su hija Miranda y a su esposo Fernando, reyes de Nápoles, mientras él regresará a su retiro milanés. Y de la isla maravillosa volverán todos al continente...
    Todo podía suceder en las islas. Treinta años antes, un ardoroso frailecico castellano, Juan de la Cruz, no era -como a veces se piensa- un escritor naïf iluminado por la pasión mística. Era un poeta de verdad que había leído no poca literatura profana y que en la estrofa XIV del Cántico espiritual, el más leído de sus poemas, acertó a darnos una de las más sugerentes, inquietantes casi, visiones soñadas de la insularidad. Vale la pena copiar toda la lira a la que me refiero, cabalgata de realidades maravillosas cuya invocación parece concertar con la imagen adorada de su Amado:

                                                Mi amado las montañas,
                                                los valles solitarios nemorosos,
                                                las ínsulas extrañas,
                                                los ríos sonorosos,
                                                el silvo de los aires amorosos.

     Aquellas "ínsulas extrañas" (que volvemos a hallar en la estrofa XIX, por cierto) provenían de la tradición caballeresca profana, la misma que recordó Cervantes, y llegaron hasta un poema que es un incitante puzle de recuerdos literarios en trance de trocarse en símbolos espirituales: también hallamos en sus versos los "fuertes y fronteras" de sabor militar (y hasta un palacio "coronado de escudos de oro"), bosques y espesuras y fuentes cristalinas (que vienen de la literatura pastoril) e incluso "leones, ciervos, gamos saltadores", arrancados sin duda de alguna cosmografía fantástica. Las "ínsulas extrañas"  de Juan de la Cruz derivaron, sin duda, de una biblioteca y, en el fondo,  son una biblioteca... Trescientos y pico años después, un poeta moderno y muy culto, Pedro Salinas, recordó la invención de Fray Juan al componer la "Variación VII (Las ínsulas extrañas)" de su libro El contemplado (1946). Lo escribió a la vista del Caribe puertorriqueño en un momento de plenitud feliz, aunque quizá con la pizca de melancolía que  es inseparable del exilio que padecía desde 1939. Estaba en una isla donde volvía a hablar su lengua, el español, y por eso, el recuerdo de la imaginación juanista era inevitable, aunque aquí se despoje de toda vinculación religiosa:

                                              ¡Felices inmortales!
                                              ¡Las islas, qué felices son las islas!
                                              Altas cunas, los riscos. ¡Bien nacidas!
                                              Torva guardia les hacen soledades,
                                              ventarros, nubes grises. Niñas, cimas.
                                              En luz, en aire tibio, en aves, sueñan
                                              las, del mundo de abajo, maravillas.

     Sí. Sin duda, los seres humanos necesitamos islas para salvarnos: islas que nunca mueren porque "van a su cielo: / su cielo el mar, que azul, cielo duplica" y donde "viven, salvadas, / almas verdes, las almas de las islas". Eternas, las islas nos defienden.
    Y, por añadidura, suelen esconder tesoros. Quien haya leído la novela de Robert Louis Stevenson, La isla del tesoro, no olvidará jamás ni la posada del almirante Benbow y la llegada de la "mota negra", ni a John Silver el Largo que pasa de ser cocinero a capitán pirata, ni al miserable Ben Gunn, a quien tanto gustaba el queso parmesano... Pero también sabrá que la huella imborrable que este libro nos deja está vinculada a su condición de recuerdo, que el joven grumete Jim Hawkins escribe muchos años después, cuando ya todos sus personajes, y él mismo, se han hecho viejos y más o menos acomodaticios. No importa que ahora nos diga que no volvería "ni atado con cadenas a una pareja de bueyes" a visitar "aquella isla maldita", porque sabemos que, en verdad, nunca olvidará la melopea de los marineros, ni el cofre del tesoro, ni los días de miedo, ni la luz del Caribe encendiendo las arboladuras de la Hispaniola. Y nosotros sabemos que lo mejor de la aventura (y lo mejor de las islas) es su nostalgia.
    Los libros y las islas tienen una secreta afinidad. Estas son, como ya sabemos, una invención de la nostalgia del paraíso y los libros, a su vez, nos enseñan la nostalgia de lo que conocemos al leerlos, o de lo que no podremos vivir como se vive en ellos, tras haberlos leído.
                      
             (José-Carlos Mainer: "De islas y de libros", prólogo a La isla de los 202 libros, Debolsillo, 2008)

José-Carlos MAINER es catedrático de Literatura Española de la Universidad de Zaragoza.

domingo, 2 de junio de 2013

"Brindis por un instante", de Teresa Berenguer


Brindis por un instante

Voy a bordar de tibias lentejuelas
este instante que es mío,
a tapizar de fresas y esperanzas
su borde inmaculado.


Mientras mañana, o todos los momentos
que velan tras el muro de las horas
permanezcan ocultos,
voy a tomar alegre de la mano
el sol que ya comienza a besar mi butaca,
el vaivén de las hojas
que sobrepasan libres los últimos balcones,
el perro que dormita confiado.
Voy a beber la copa del silencio
que siembra paz y amor en el ambiente
para elevar un brindis de ternura
por el dulce recuerdo

de todos mis amigos.

Ahora, cuando el pájaro del sueño
revolotea lejos de mis cuatro paredes,
voy a gustar el vino sorbo a sorbo
de este instante de luz que me acompaña.


                                                              Teresa Berenguer


Teresa Berenguer (Madrid, 1932) es poeta. Ha publicado seis poemarios: Mis zapatillas (1974), Entre la decepción y la esperanza (1980), La ceranda (1982), Hablando con Margot (1987), Por este afán de doble madre (1993) y Si (1998). Es miembro fundador  de la Asociación Prometeo de Poesía, miembro de  la Agrupación Hispana de Escritores y de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Figura en varias antologías, entre ellas, Poetas de Hoy (1983) y Antología Poética General (1990), de Carlos Murciano y Carlos María Mainez.