EL BLOG DE LA BIBLIOTECA DEL IES "GOYA" DE ZARAGOZA


biblioteca.ies.goya@gmail.com


domingo, 14 de enero de 2018

"Safo dieciséis" y otro poema de Julio Martínez Mesanza





                                       SAFO DIECISÉIS

LO más hermoso de la negra tierra
no es una carga de caballería,
no es el choque frontal de dos falanges
ni el blanco surco de la nave negra.
Lo más terrible de la hermosa tierra
es amar el desdén de quien amamos.



                                   DE LUZ Y ROSAS

SI no sabe de ti, mi alma no sabe, 
acostumbrada al páramo sombrío,
donde estaban tu casa y esas rosas
y la luz que encendías a la noche;
la casa que jamás me abrió sus puertas,
pero sus rosas y su luz bastaban,
para saber de ti, de luz y rosas.

          De Gloria, Rialp, 2016
         

Galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2017,  Gloria recoge la  actividad lírica  de Julio Martínez Mesanza desde 2005 a 2016; once años tras los que, desde el significativo título, se anuncia un cambio de registro en su poesía: Gloria canta la manifestación de Dios en la creación. Desde su singular perspectiva, estos poemas de carácter meditativo y moral, suponen un nuevo modo de acercamiento a la defensa de la naturaleza humana y a la exaltación de valores como la fidelidad y la fe. Apoyados en los característicos endecasílabos blancos de Martínez Mesanza, estos poemas son también una reflexión sobre la gracia, los dones que recibimos, la ingratitud y el mérito.

Entrada relacionada:

[La información sobre la obra procede de la solapa del libro. La imagen, de: pixabay.com]

miércoles, 10 de enero de 2018

Leer juntos Hoy 'Navío en aguas turbias', de Pablo Gómez Soria, y 'Nefelibata', de Fernando Vallejo Ágreda



Grupo de lectura "Leer juntos Hoy" del IES "Goya"
Sesión del 11 de diciembre de 2017
Obras comentadas: Navío en aguas turbias, de Pablo Gómez Soria, y Nefelibata (Poema en 31 actos), de Fernando Vallejo Ágreda.


Leyendo juntos a Fernando Vallejo y a Pablo Gómez en el Goya
En la sesión de Leer juntos del Instituto Goya del mes de diciembre pasado, gozamos con la presencia y la obra de dos poetas: Fernando Vallejo Ágreda y Pablo Gómez Soria, que volvían a su casa. Fernando, uno de mis queridos alumnos, ha mantenido estrecha relación con sus profesores. Lo recuerdo como un chico inquieto al que le gustaba leer y escribir y, ya desde primero de Bachillerato, dio muestras de su preocupación por las cosas trascendentes de la vida. Pablo, hijo de dos profesores del Departamento de Lengua y literatura, de niño correteó por los pasillos del Goya de la mano de sus padres, Luis y Francisca.
En el encuentro a que me refiero, Francisca Soria, catedrática de Lengua y Literatura, presentó a Fernando y comentó sus poemas con mucho cariño y con gran brillantez, como podréis comprobar en la reseña que ha publicado. Yo me ocupé de Pablo. Y de él os voy a hablar en estas líneas.



Pablo Gómez Soria en su circunstancia histórica
Conozco a Pablo desde niño. El día siete de junio de 2017 presenté su libro Navío en aguas turbias en la Casa del Libro de Zaragoza. Posteriormente le dediqué un artículo en Letras desde Mocade: A Pablo Gómez Soria por su “Navío en aguas turbias”.Y hoy os quiero traer una imagen renovada. Porque Pablo, como todos los escritores jóvenes, está creciendo y madurando, y en cada encuentro nos guarda una sorpresa.
Pablo Gómez (Zaragoza, 1974) es un brillante abogado con una excelente formación lingüística. Inició sus estudios en el Liceo Francés y en el Instituto Jerónimo Zurita. Cursó Derecho en Zaragoza y completó su formación en la Universidad de Saarbrücken (Alemania). El año 2000 terminó el Master de Derecho de Comercio Internacional en la Universidad de Essex (Reino Unido), campo en el que trabaja en España desde el año 2006.
Desde muy joven manifestó su pasión por la lectura y su gusto por escribir. Siempre ha cultivado el gusanillo de la poesía. Publicó los primeros poemas en la revista Eclipse de la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. El año 2010 sacó a la luz Antiguo sol naciente, su primer libro de poemas, y en el 2017, Navío en aguas turbias.

De Antiguo sol naciente a Navío en aguas turbias
Si su primer libro fue una revelación, el segundo es la consolidación de aquella voz en una nueva dirección.
Antiguo sol naciente. Con este título tan sugestivo entramos en una aventura reflexiva de gran belleza. El adjetivo “antiguo” nos orienta hacia evocaciones remotas en el espacio y en el tiempo. Un pasado que se hace realidad con el segundo adjetivo, “naciente”. Es indudable que esta experiencia estética ya miraba hacia el futuro.
Un título marcado, como el resto del libro, por el juego de las oposiciones semánticas, por el ritmo binario y por abundantes sugerencias míticas. Este hermoso sintagma inicial nos invita a entrar en un mundo lleno de luz, presidido por ese “sol” que une el pasado más lejano con el futuro más prometedor. A nadie se le escapa el simbolismo modernista ni el eco de la poesía juanramoniana, que serán permanentes en los futuros poemas.
Navío en aguas turbias. Como en el primer libro, el título orienta al lector y sintetiza el significado trascendente del libro. Desde los primeros versos, nos asaltan los ritmos de los antiguos griegos y no se nos escapa la imagen de Ulises volviendo a Ítaca.
En un libro que podríamos calificar de intimista, nos sorprende que las reflexiones más profundas estén objetivadas, es decir, contadas en tercera persona. Y, además, cuando cerramos el libro, nos damos cuenta de que el navío ha sido una metáfora del poeta que, como todos nosotros, navega en las aguas turbias de la vida.
En los dos libros, el sentimiento profundo viene acompañado de una acertada selección del vocabulario. En medio de un decir casi cotidiano, porque Pablo valora la belleza de las cosas simples, saltan los neologismos y las palabras cultas que, como la punta del iceberg, dan sentido a los poemas.
Consigue la comunicación profunda con una poesía dialógica, en el más puro sentido bajtiniano. En sus versos oímos los ecos de los griegos, de los clásicos y de los modernos. Catulo dialoga con Kavafis, Walt Whitman, Juan Ramón, Aleixandre, Cernuda y Gil de Biedma. Y podríamos seguir con la lista de poetas y otras lecturas que resuenan en estos versos, porque la cultura de Pablo es tan amplia que nos haría la lista interminable.
 Cinco poemas de Navío de aguas turbias
A continuación cedo la palabra a la voz poética y os ofrezco los cinco poemas que Pablo leyó y comentó con gran tino, en la sesión del Goya, que resultó muy esclarecedora.

PÉRDIDA DE LA JUVENTUD
Dichosos sean los tiempos
en los que buscamos tiempos felices,

En el país de las maravillas.
Nos imponíamos metas
cuánto más difíciles más hermosas.
Colectar pasiones
conquistar nuevos campos.
Y bailamos
con la música
Y por encima de todas las cosas.
Las chicas que yo vi
las chicas que yo besé.

Llegó sin esperarlo que un día
esto si lo pude ver,
me fallaron los miembros del cuerpo
y la alegría que se fue.
De aquellos tiempos solo quedan
el alcohol
y la música
bella, deprimente.

POEMA ELEGÍACO A FRANCISCO UMBRAL
El veintiocho de agosto de dos mil siete fallecía en
Madrid Francisco Umbral.
Sufrió una parada cardiorrespiratoria. Tenía setenta y
dos años.
Desde dos mil tres, su cuerpo fue deteriorándose.
Recuerdo leer muchas de sus columnas en El Mundo,
siendo un adolescente.
No me interesaban tanto las más políticas; leía con
pasión las más poéticas.
Pero Umbral expiró dictando a su mujer, María España,
su última columna titulada: las uvas doradas,
Unas palabras moribundas suben al cielo como misterio:
Romanticismo (que se nos va, que se nos ha ido)…
Clasicismo (del cual evoluciona del Romanticismo)…
Las uvas doradas (los más bellos principios que
nos alimentan). Punto.

MUERTE DE LA POESÍA
Zarpé, como cada año
por el mar fui,
a la tierra donde tenía lugar
mi anual homenaje.
No hallé restos del altar producido por mis manos,
pareciera
que alguien había destruido mi construcción,
continuación de fructuosos legados.
Deberé escuchar
ver qué ha ocurrido,
no acierto a entender…
Siendo yo muchacho,
inocente e inquieto,
me guiaba el corazón.
Ella me sopló en los oídos,
la Poesía me tocó.
De repente múdase el aire
algo rompe el día
las aves escapan
los animales huyen.
Aparece corriente
la Poesía,
sus cabellos adquieren la tonalidad de la estación,
los ojos siguen el mismo curso,
en su túnica liviana
van embrocadas las flores,
saliente corro a su encuentro.
Falla,
la sustento, advierto
la sangre del costado fluir,
daga o puñal clavados.
¿Cuál mano osó
tal matricidio?

EL CLUB

Distinguido Socio Número…
Cada noche recordarás la casa de paneles de madera
en la que, en nuestras veladas,
solíamos
escuchar las palabras de los autores muertos,
sus pensamientos debatir en modo franco.
Ha largo rato
que has sentido en ti el hastío,
echada atrás la vista depara un conquistar.
En el inicio de los tiempos,
poderosa se alzaba tu voz solitaria por los montes,
combatimos en sangrientas batallas,
leíste el poema de Ar,
nos raptó la dulce música,
la que da gozo al corazón.
Admiras esta tarde el sol cadente
sol de décadas pasadas
suenan los ecos de rancias victorias
tan viejas como queridas,
nunca nos faltó el valor,
fuimos héroes.
Llegados a este punto

además, aflige el no morir en combate ni por fallo orgánico súbito,
sin embargo no nos llegará la vejez
hallándose todos los cruces cerrados
no puede resolverse de otra guisa.
Por todo ello, cuando abras esta plica,
no te temblará el pulso al apretar el gatillo.

LA VIDA BAJO EL ESCUDO
La vida bajo el escudo
es protección,
abrigo que deja afuera la tempestad.
Pero es un campo yermo
pócima que no altera la desolación de los días.
Aguardo,
bajen sin tardar los soles rojos
un tiempo parado regrese.

Para terminar
La sesión del Instituto Goya fue un lujo. Pablo y Fernando nos entregaron lo mejor de sus obras. Disfrutamos de la emoción y de la cercanía de estos dos poetas. Y, por supuesto, del rigor de sus comentarios. Se esforzaron en conseguir que los contertulios llegáramos al sentir más profundo de sus poemas.Y todos juntos saboreamos la poesía reflexiva de Pablo y el vitalismo onírico de Fernando.
Desde aquí les deseo que sigan propiciando estos encuentros tan gratificantes para sus lectores. Y le doy las gracias al Instituto Goya por permitirnos estas tertulias literarias tan enriquecedoras.
Carmen Romeo Pemán




Aproximación a la obra poética de Fernando Vallejo Ágreda
Fernando Vallejo Ágreda (Zaragoza, 1966), estudió Bachillerato en el Instituto “Goya” de Zaragoza. Es sacerdote católico y capellán del Cementerio de esta ciudad. 

Hoy lo traemos a estas páginas en su calidad de escritor, de poeta con una amplia obra publicada:
Rompiendo el agua (2013)
Primavera en Noviembre (2014)
24 Segundos (2016)
El beso de Rimbaud (2017)
Nefelibata (Poema en 31 actos) (2017)
Y tiene actualmente en marcha dos libros más…

En la presentación de su obra Rompiendo el agua definió su concepto y su relación con la Poesía: “Mi vida es poesía. Desde que me despierto las palabras brotan en cada gesto. Pienso que es una deformación, es como si vieras la vida en un espejo en la sala de los espejos deformantes. La poesía es sangre. Solamente viviendo se puede ser poeta. Ser poeta es respirar. Es una pista tan larga... que no conoce el ocaso. Siempre es volver a ver las cosas y las gentes de forma diferente. La poesía es una forma de vida. Hay que enamorarse de la vida para ser poeta”. (Heraldo de Aragón)


Y así continúa. Su última obra, Nefelibata palabra que significa ‘el hombre que camina por las nubes’, ya desde el subtítulo, Poema en 31 actos, revela que se trata de una obra de difícil clasificación, porque sugiere un género dramático-narrativo, en un libro que se ofrece como un poemario.

Es decir, el lector queda avisado de que las páginas que lo integran están llenas de recovecos treinta y uno, concretamente en los que habrá que detenerse para la comprensión total del libro.  Cada “acto”, es decir, cada poema viene marcado simplemente por un número y el último lleva por título “Fin”, como una novela, como una obra de teatro, como una película…

El libro es hijo inequívoco de un hombre que siente la necesidad de escribir para intentar explicarse a sí mismo la vida, vista desde la rutina de cada día y de cada noche; de un hombre frente a sí mismo, a su vida, a sus sueños, a su percepción del tiempo, del Eros y el Tánatos, de la realidad y de la muerte… y de la presencia de Dios. Resuena en Nefelibata el Salmo 62: “En el lecho me acuerdo de ti y velando medito en ti/porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; /mi alma está unida a ti y tu diestra me sostiene”.

La tarea de Fernando Vallejo es, pues, ingente, pero la lleva a cabo entre sueños, en duermevela o en la evocación diurna del sueño. La noche y el sueño se enseñorean de todos estos poemas, ligados temáticamente entre sí, que plasman lo soñado por él. Así pues, en su sentido más estricto, lo onírico una de las fuentes más antiguas de las que bebe el Arte es el hilo conductor de Nefelibata y a través de las incertidumbres que plantea, señala un arduo camino al lector.

Es un libro íntimo, por tanto, lírico en grado extremo, porque es el “yo” del poeta el que late en cada verso de los treinta y un poemas que lo forman. Y por ello, Vallejo se entrega al lector desprovisto de coraza protectora. Los poemas ofrecen sus sueños y pesadillas más recurrentes, pobladas de sus propios monstruos y miedos.

Sus inquietudes religiosas y todas las preguntas existenciales a las que busca respuesta en la oración, en la lectura y en la existencia se materializan en imágenes de inquietante belleza plástica. Pero no hay revelación divina en sus sueños no le es concedido el don de Jacob sino una sucesión de nocturnas imágenes inconexas que, a modo de rompecabezas, debe unir e interpretar durante el día. Por eso siente vértigo con frecuencia y, tras la confesión de sus miedos de hombre, se dirige al lector pidiendo auxilio: “No quiero hacerme añicos/ Que se pronuncie el lector”. Alivia su angustia de hombre durante el día la protección de sus siete paredes los siete sacramentos, que ligan al hombre de Fe que es, con la esperanza.



Nefelibata, como acabamos de ver, está poblada de deseos y de sueños, pero también de Literatura con mayúscula: del eco rítmico y temático de la Biblia (repetición, paralelismo, el Apocalipsis, el Antiguo Testamento, etc.), de las Danzas de la Muerte, del esperpento de Valle-Inclán, del Simbolismo literario, de Goya. Y se escucha el claro eco de poetas como Whitman, Lorca y Gil de Biedma…

En el sueño de Fernando Vallejo se manifiesta su verdadero “yo”, pero trasladar el alma al papel, verter en versos sus sentimientos, sus pasiones, frustraciones y sus miedos, es casi una tarea de titanes. Y es que todo escritor necesita del ropaje de la lengua y si se trata de poesía, la estructura métrica (aunque se usa aquí siempre el verso libre), el ritmo y las figuras retóricas, la forma lingüística compleja, se imponen como una tiranía. Pero Vallejo Ágreda sale airoso del combate con la Lengua y consigue extraerle todas sus posibilidades.

En estos poemas brillan las paradojas: “el sonido mudo de la oscuridad”; las paronomasias: “el ojo del buscarán”; los símbolos: “Entre siete paredes. Todas blancas. / Una copa de vino.” Siente el poeta particular predilección por el uso de la enumeración en su versión lógica: “Todo es invención. Fragilidad de las formas, / La imagen rasguñada de tantos recuerdos, / El cantar de los ciegos, / Los viejos caminos de la niñez”. Pero brilla especialmente su capacidad para crear felices enumeraciones caóticas recurso propio de la poesía moderna desde Whitman y muy usada por Neruda y Borges–, como en el poema nº 13: “el terremoto/ La quinta trompeta/ El sacrificio de Abraham”, que culmina con una antítesis inesperada: tres versos que son una lógica y ordenada flexión verbal: “yo vivo, / tú vives, / él vive”.

Pero el recurso literario por excelencia en la obra de este autor, ya desde su primer libro, es el uso certero de los complejos mecanismos de la metáfora. Abundan las metáforas atributivas que se prolongan durante varios versos a modo de respuesta a la pregunta “Y yo ¿quién soy en esta historia?”: “Un camino de vuelta. / El olvido. / Una herida que se cura/ en el aliento de la espada. / Soy un ser humano, / el sueño del exilio.” 

Y pueblan, además, sus versos potentes antítesis, repeticiones constantes para marcar el ritmo y una cuidada selección del vocabulario que, en numerosas ocasiones, sorprende por su atrevimiento al lector.

Un libro, en fin, que nos obliga a reflexionar sobre los grandes temas del Arte y de la Filosofía, a conmovernos con la atrevida sinceridad de este poeta que, a través de una sabia mezcla de prosa y poesía, nos emociona y deslumbra como lectores.

Francisca Soria